Usted no suele tener ocasión de trabajar a las órdenes de mujeres directoras pero ahora acaba de hacerlo por partida doble. En Ne te retourne pas, con Marina de van; en La vida privada de Pippa Lee, con Rebecca Miller. ¿Ha sido distinto a trabajar para un hombre director?
Desde luego. Es muy interesante trabajar con mujeres, porque desde el principio me permite establecer con ellas una complicidad muy útil. Es más fácil y directo llegar al quiz del personaje. En cambio, los hombres directores muchas veces se sienten demasiado condicionados por cuestiones de apariencia física.
Pippa Lee es la historia de una mujer que afronta nuevos desafíos al acercarse a la cincuentena. Usted tiene 45 años. ¿Siente que está afrontando nuevos retos como actriz?
Oh, sí. Creo que envejecer es algo muy hermoso. Siento que se me ofrecen mejores papeles cada vez. Me siento afortunada, no siento que madurar esté dificultando mi carrera. Y tampoco mi vida personal. Me siento más feliz que cuando tenía 20 años.
¿Y qué hay de su cuerpo? ¿Lo nota responder al paso del tiempo?
¡Obviamente! Pero, ¿sabes? No me importa. Nunca me he obsesionado por esas cosas. Por un lado, no soy partidaria de la cirugía. Por otro, no suelo seguir dietas. Por supuesto, si un personaje lo exige puedo engordar o adelgazar, pero esencialmente como lo que quiero. Soy un poco perezosa, por eso no voy al gimnasio. Me gusta nadar. Estoy muy cómoda con mi físico.
En buena medida, es gracias a él que se la considera la sucesora de Sophia Loren y Claudia Cardinale. ¿Qué opina de ello?
Es un honor, porque esas mujeres me han proporcionado grandes emociones. Sophia y Claudia poseen cuerpos maravillosos y muy reales, muy italianos. Oscuros y luminosos, jóvenes y maduros a la vez. Y, ante todo, son Mujeres con M mayúscula, el tipo de mujeres que el cine necesita. Ellas me inspiraron a ser actriz.
Pero usted iba para abogada, ¿no es así?
Sí, mi idea era ir a la universidad, acabar mis estudios y tal vez trabajar mientras tanto como modelo en Perugia, mi ciudad, para ganar algo de dinero. Pero mi madre me dijo: “Mónica, no me digas que quieres tener el mismo tipo de vida que tus amigas, porque tú eres distinta”. Ella tuvo una vida muy simple, se casó con mi padre y llevan la vida de una pareja. Quizás vio en mí la posibilidad de vengarse por su propia vida.
Siento que madurar esté dificultando mi carrera
¿Ycuándo comprendió que su futuro no estaba en las pasarelas sino en la gran pantalla?
Cuando Francis Ford Coppola me dio un papelito en Drácula. Me sentí aterrorizada porque, después de algo así, sentí que ya no había vuelta atrás. No podía volver a trabajar de modelo, pero a la vez no sabía si iba a ser capaz de abrirme paso como actriz. Después de todo, está claro que Coppola me llamó porque era bella y no porque me considerara una gran actriz.
¿Le ha seguido sucediendo posteriormente?
Sí, muy a menudo. Durante muchos años, la gente me veía y pensaba: “Ahí va otra modelo que quiere convertirse en actriz”. Es curioso, porque a nadie le cuesta aceptar que un cantante haga películas, tenga o no talento. En realidad, la falta de talento se considera algo perdonable, pero nadie perdona la belleza de una persona. Si eres hermosa tienes que ser estúpida. Por eso me gusta madurar, porque ahora la belleza ya no se convertirá en el centro de todas las cosas. De todas maneras, sería estúpido negar que esta cara y este cuerpo me han ayudado.
Usted combina papeles en películas europeas con proyectos en Hollywood. ¿Cómo lleva vivir entre ambos mundos?
En realidad, trabajo en Hollywood pero nunca he vivido allí, no tengo una casa. Sólo viajo a América para rodar. Me siento muy afortunada por tener la posibilidad de vivir en Italia y trabajar con directores tan conocidos como Giuseppe Tornatore o Gabriele Muccino, y luego ir a Francia y trabajar con Gaspar Noe, y luego volar a Estados Unidos y rodar con Mel Gibson o los hermanos Wachowski o Spike Lee o Terry Gilliam. No creo que me acostumbrara a vivir en Hollywood.