Ni las ganancias ni los más de 50 millones de discos que la cantante lleva vendidos en todo el mundo desde que en 1996 debutó al frente de Destiny`s Child se logra por accidente. Tampoco su marca de ropa, House of Deréon, que está en los escaparates de Macy`s –algo así como El Corte Inglés en versión yanqui- y cuyas ventas en su primer año alcanzaron nada menos que los 40 millones de dólares. La imagen y el aspecto de Beyoncé la han convertido también en modelo y en mujer-anuncio.
Ha participado en campañas publicitarias para L`Oreal, Tommy Hilfiger y Pepsi. También tiene su propio perfume. “Superviso cada botón de mis vestidos, cada fotografía, cada entrevista. Lo controlo todo”, comenta Knowles acerca de la magnitud de la marca Beyoncé.
Lucho por mis relaciones, por mi carrera, por mantenerme en forma, porque siempre estoy tentada de comer chocolate. Todo en esta vida es una lucha. Pero merece la pena
Pero el dinero, asegura, no es el motor de todo este trabajo al detalle. “Honestamente, soy muy frugal. No me he comprado un coche desde que tenía 16 años. He invertido mi dinero y no tengo necesidad de ganar más, gracias a Dios”. ¿Cuál es la razón de tanto trabajo, pues? “Quiero ser una leyenda. Llega un momento en el que ser una pop star no es suficiente. Rechazo ofertas de millones de dólares constantemente porque no me convencen, no me parecen trascendentes. No debería perder el tiempo en nada de lo que no pueda sentirme orgullosa dentro de 10 años”.
De sus planes de trascender forma parte también su carrera como actriz. La inició en la pequeña pantalla, en el telefilme Carmen: A Hip Hopera (2001), y luego dio el salto a la grande en papeles que, admitámoslo, solo exigían de ella que luciera esplendorosa, como Foxxy Cleopatra en Austin Powers en Miembro de Oro (2002) o la diva del pop Xania en el remake La pantera rosa (2006).
Fue gracias al personaje de Deena Jones que interpretó en el musical Dreamgirls (2006) que empezó a granjearse un prestigio como intérprete. “Creo que he demostrado ser muy ambiciosa tratando de dedicarme al cine, porque no tenía que hacerlo, no lo necesitaba. Pero admiro a mujeres como Barbra Streisand y Diana Ross, que tomaron ese riesgo y han sido realmente buenas en ello. Me gusta aprender y ponerme desafíos”.
La cantante-actriz
Su faceta interpretativa promete consolidarse gracias a sus dos últimas películas. Primero, la saludable y felizmente casada Beyoncé se acercó al lado más oscuro y drogota del negocio de la música al retratar a la legendaria cantante Etta James en Cadillac Records.
Para meterse en su piel, Beyoncé salpicó sus brazos de marcas de pinchazos y pasó varios días en un centro de rehabilitación en Brooklyn. “Nunca he probado las drogas, así que no sabía nada acerca de ellas -confiesa-. Aprendí mucho sobre la vida y sobre mí misma, y entendí las necesidades de Etta y su adicción”. Beyoncé ganó 10 kilos para el papel, y luego tuvo que perder la misma cantidad de peso para protagonizar el thriller psicológico Obsesionada. “Estaba muy enfadada conmigo misma. Pensaba, ¿por qué tengo que pasar por todo este infierno? Pero no se puede culpar a una chica por tratar de evitar la tentación, particularmente si tu vida depende, al menos en parte, de tu imagen”.